miércoles, 21 de diciembre de 2011

Se acabó la comedia. Acto I, Escena 3

3.
Entra el triste señor MAC arrastrando los pies, ojos llorosos escondidos tras unas gafas pasadas de moda, delgado, patético, nada heroico, perdido, en definitiva, un cliente perfecto. Se acerca al Camarero, un tanto temeroso.

MAC. ¿Es aquí donde unas mujeres? Esto... ya sabe... ya me entiende... donde hacen eso por dinero...
CAMARERO. Sí, claro. Aquellas urracas son.
MAC. ¿Tres?
CAMARERO. Vamos, vamos, no se avergüence.
REY. Acaso, ¿has visto a un hombre tan bien conservado con cincuenta y tres años?
MAC. Parece que tuviera ochenta.
REY. Gracias, llevo mi pantalón de chándal y mi camisa de cuadros, eso rejuvenece a cualquiera.
CAMARERO. Y lo peina la madre y eso se nota. Y fíjese en la comisura de los labios cómo se le acumula esa espuma blanca tan espesa y desagradable.
REY. Me cuido, sé lo que tengo que tomar y lo que tengo que vomitar. Permiso.

Aguanta la náusea y sale al baño.

CAMARERO. Así va a durar cincuenta y tres años más. Aunque parezca entonces tan viejo como la piedra de Rosseta, ya no habrá quien lo entierre.
COMADRE 1 (a gritos desde la mesa). ¡Lléname el depósito!
CAMARERO. Allí tiene a sus mujeres.
COMADRE 2. ¡ Las botellas vienen vacías!
CAMARERO. (A gritos) ¡Sí, el litro lo han reducido a la mitad! (Saca una botella de anís y se la da a Mac) Llévele ésta. (A Mac) Vamos, no sea tímido.

Entra, de nuevo, el Rey limpiándose la boca, con el cabello mojado.

REY. ¡La doble gourmet extra de queso!
CAMARERO. Marchando, a ver cuánto te aguanta ésta en el cuerpo.

4.
Mac se acerca a la mesa de las Comadres.(Continúa...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario