jueves, 5 de enero de 2012

Se acabó la comedia. Acto II, Escena 4

4.
Cambio de luz. Sintonía televisiva. El Rey del Vino se ata un mandil de cocina. Mientras, las Comadres van montando una gran mesa para la comilona.

REY. (Preparando la receta mientras habla al público) Bienvenidos amigos republicanos y golpistas varios, hoy vamos a preparar un carpaccio de Rey. Primero necesitamos un rey maduro o que moleste un poco, eso no es difícil de encontrar, no hace falta que sea un rey de una monarquía vieja, bien nos vale el rey de su casa, el rey de la pista o el rey del vino, como es el caso de hoy. Antes que nada, se decapita al rey, se pela y se corona a uno nuevo antes de que se instaure la república, que tantos males acarrea. A Rey muerto, rey puesto. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Al pan , pan y al vino, vino. (Bebe y sigue manipulando la carne). Se toma el solomillo, o en su defecto el muslamen o los brazos colganderos, se cortan con sierra, se perfila con un hachazo y se mete en el congelador durante dos o tres horas. Este paso ya lo tengo preparado, para que no se eternice el espacio. Ya endurecido es más fácil filetear al monarca. Estas dos horas se pueden aprovechar para leer una novela rosa, afeitar un pollo o preparar la vinagreta batiendo el aceite, el zumo de un limón y dejar que macere. Se retira la carne y se corta a gusto, se le echa encima la vinagreta, salpimentar, y ya está listo el rey para su degustación. Se le puede acompañar de un poco de parmesano, unas fanfarrias reales o sangre de virgen… Sean creativos. Lo que va a pasar ahora es demasiado desagradable para mí, no me quedo a la coronación… Hasta la siguiente revolución… Adiós.

Cambio de luz. El Rey del vino desaparece. Los pájaros huyen, los niños corretean, los mercaderes abandonan el teatro y el público quiere morirse.
(...)

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