jueves, 12 de enero de 2012

Se acabó la comedia. Acto II, Escena 10

10.
Suenan sirenas de policía. Una ventana se rompe, gritos, disparos. Todos se esconden. El bar se convierte en una enorme barricada. Los cuerpos de las comadres son lanzados como sacos terreros. Buscan la protección tras una mesa, tras la barra o tras su cobardía.

MAC. Cerrad puertas…
SMOKE. Y ventanas.
MAC. Escóndete tras la barra.
SMOKE. ¿Y las comadres?
MAC. El oráculo.
SMOKE. Muerte.
MAC. ¡Resurreción!
SMOKE. ¡Vida!
MAC. ¡Venganza!
SMOKE. Es el fin.

Cesan las sirenas y los disparos. La Señorita Smoke y Mac escondidos.

SMOKE. ¿Qué tal?
MAC. Tranquilo.
SMOKE. Huele a sangre, a muerte, a cadáveres.
MAC. Así descansaremos.
SMOKE. No entrarán.
MAC. No, antes reventaré sus cabezas, sus vidas, mataré a unos niños recién nacidos, los escucharemos crujir al estampar sus cuerpos a medio cocer, liberaremos al mundo de esos proyectos de hombre, de esos hijos de puta en potencia.
SMOKE. No quedan diamantes en los basureros.

Suena el móvil.

MAC. ¿Eso, qué…?
SMOKE. Mi teléfono…
MAC. ¿Dónde?
SMOKE. Voy a ver.
MAC. Cuidado, mi amor.

Sigue sonando el teléfono… Encuentra al Camarero escondido tras unas sillas con el móvil en la mano, está sangrando.

CAMARERO. Van a entrar…
SMOKE. No me importa.
CAMARERO. Vámonos, Amalia.
SMOKE. Te habría abandonado en medio de una jauría de lobos.
MAC. (Escondido tras la mesa) ¿Quién es?
CAMARERO. Volver a descansar, ir hacia el mar, hacia ningún sitio, a la deriva, libre.
MAC. ¿Quién es? ¿Quién llama?

La Señorita Smoke cuelga el teléfono

SMOKE. Nadie.

Suena el teléfono de nuevo. Mac se acerca reptando con cuidado a la señorita Smoke.

MAC. Déjame el teléfono.
SMOKE. No es nadie.
MAC. El teléfono.

Mac le quita el teléfono y descuelga.

MAC. ¿Sí? … Suponía que eras tú. ¿Sigues teniendo ese aspecto de cuarentón amanerado? (…) Conmigo, claro, para siempre. Ya sabes, un salto a la nostalgia sin red…
Sí, por supuesto (…) Escucha mis peticiones, apunta… una maleta de ropa, cinco libros que hayas leído, cinco libros por leer, papel, tinta, una radio y poder vivir sin ambiciones, sin ansias y sin ti. Espero tu llamada. (Cuelga) Muy simpático, él.

Mac revienta el móvil contra el suelo.

MAC. ¿Le has hablado mucho?
SMOKE. Lo había robado éste.
MAC. ¿El camarerito?
CAMARERO. ¡Amalia!
MAC. ¿Cómo sabe que tú...?
SMOKE. Lo habrá mirado en el teléfono.
CAMARERO. Pero, Amalia, si antes…
SMOKE. Los niños se callan cuando los mayores hablan.
MAC. Claro, (a Camarero) ¿acaso no te han ensañado eso?
CAMARERO. Sí, pero… ella.
MAC. No llores.
CAMARERO. He de hacerlo.
MAC. Deja de llorar.
CAMARERO. No puedo, es esta maldita necesidad de sentirme querido, admirado, halagados, amado. Sí, lo necesito, joder. Gracias a la valeriana, a la tila, a la dormidina, al transilium, al lexatin duermo y sigo viviendo. Amo el dulce vaivén en las garras de una somnolencia química, programada.
MAC. Muchacho, demasiado tarde para un monólogo.

Suenan risas y aplausos enlatados que vienen de la radio.

CAMARERO. ¿Y esos aplausos?
MAC. Mi público, me ama.
CAMARERO. Veremos quién es el más amado, cuando no puedas ni hablar.
MAC. ¿Qué hago con todo este odio? Dónde lo canalizo. No fui yo quien decidió la marcha. Yo apuesto. ¡Apuesto! Vive como debes, quiérete, duerme bien con una mujer bella a tu lado.
CAMARERO. ¿Me aconsejas cómo hacerlo?
MAC. ¿Bailamos?

Nuevas risas.

MAC. ¿Me quieres?
CAMARERO. ¿Qué dices?
MAC. ¿Y a mi reina, la quieres?
CAMARERO. No sé.
MAC. ¿Por qué siempre queremos lo que no tenemos?

La Señorita Smoke le lanza una barra de hierro a Mac, que la toma y golpea al camarero en ambas piernas.

CAMARERO ¡Ahhhhhhhh!!!
MAC. ¿Y ahora, me quieres? ¡Di, me quieres!
CAMARERO. Sí, sí, sí… ¡Te quiero, te quiero!
MAC. Ves, con qué facilidad escupimos un “te quiero”. CAMARERO. Te… quiero.
MAC. Yo ya no… Qué complicada la reciprocidad, qué complicado todo. No me parece que seas sincero. Y sabes que en el amor la sinceridad lo es todo.
SMOKE. ¿Bailamos?
MAC. Sí, claro, hermosa.

Risas y aplausos. Suena Gustavito Mahler. Una pausa. El camarero se retuerce en el suelo.

CAMARERO. Mierda, me cago en la sesera de mis calcetines. A ver si… (Intenta levantarse, las piernas no le sostienen. Cae) ¡Mierda! Las piernas…
MAC. Pobrecito.

Mac golpea con saña al Camarero en el suelo.

MAC. ¡Bienvenido al país de los maleducados, los ruidosos, los vacuos, los charlatanes, los gritones, los egocéntricos, los ladrones sin estilo, los pícaros sin ingenio, los desalmados, los idiotas, al país de los vendidos, bienvenido a mi taberna!

El Camarero muere.

SMOKE. Me ha excitado un poco.
MAC. ¿Una excitación lánguida?
SMOKE. Sí, nada lasciva, pero igualmente placentera.
MAC. Qué maravilla, nuestro paseo triunfal por el sufrimiento.
SMOKE. ¿Y ahora?
MAC. Esperar el final, como se merece.

Mac se sube a la barra y se va desnudando.

SMOKE. Bájate, no seas loco.
MAC. Olvídalo, baila, salta.
SMOKE. No.
MAC. El final está cerca, fine, the end, finito… caput.
SMOKE. Vístete, al menos.
MAC. Sube conmigo a esta Grecia plagada de túnicas sueltas, sin corsés apretados. Baila junto a mí con las bragas en la
mano. Arrímate. Baila… baila.

La señorita Smoke se sube a la barra. Se besan. Bailan juntos desnudos. La función podría terminar aquí, pero el destino llama a la escena… Una voz en OFF grita una incomprensible amenaza distorsionada a todo volumen. Una voz bien modulada y rotunda que precede al lanzamiento de botes de humo… Bailan la señorita Smoke y Mac -o Macarías y Amalia- un tango imposible entre cascotes, odio y venganza. Los gritos, tiroteos y golpes crean el ritmo 2/2 sobre el que danza la pareja mientras se desvanecen en el caos. Silencio.
(...Esto se va acabando , queda una sola escena,a modo de bonito epílogo.)

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