miércoles, 4 de enero de 2012

Se acabó la comedia. Acto II, Escena 3

3.
Las comadres hacen fila, el Camarero se arrastra a la fila. Comienza el besa-axilas. Tras la barra aparece el Rey del vino, está limpio, elegante, en perfecto estado de revista con una corbata de flores. Rebusca entre las botellas. El besa-axilas continúa, el único que ve al Rey es el Camarero.

REY. ¿No te queda vino dulce?
CAMARERO. (Sorprendido) ¿Rey del vino?
REY. El mismo, ahora del vino dulce.
CAMARERO. ¿Dónde, pero tú no estabas…
REY. (Rebuscando botellas y bebiendo culines) De viaje, sí, me relaja viajar. Sin tener en cuenta el destino. El viaje, el camino es lo importante, me gusta pasar por lugares nuevos, que no se convierta en una obligación, que no sea un trabajo, odio trabajar, no he tenido un trabajo nunca, bueno, en un par de ocasiones tal vez, poco tiempo. El viaje fumiga el hormigueo constante y la náusea en mi estómago. Ni soy Sartre ni lo quiero ser. Mas la náusea no es potestad de nadie, de ningún escritor, y mucho menos francés.
CAMARERO. Te veo bien… estabas medio muerto.
REY. Eso era hace un rato, ya debo estar muerto entero.
CAMARERO. ¿Qué eres? ¿Un espíritu, una ensoñación, un mensajero que habitas en mi cabeza y vienes para vengarte?
REY. No sé, me tomaré este vino y me iré, ya no pinto nada en esta comedia.
CAMARERO. ¿Para qué te me apareces entonces?
REY. Ya sabes, la aparición fantasmagórica, un clásico shakesperiano, no podía faltar en esta copia barata que estamos perpetrando. ¿No te queda vino dulce, en serio?
CAMARERO. ¿Cómo podemos librarnos de él?
REY. ¿Librarnos, de quién, de Macarías, nosotros? No creo que puedas hacer nada.
CAMARERO. ¿Qué sentido tiene todo esto, entonces?
REY. Ninguno. Las cosas suceden porque sí. No esperes encontrar una historia, tan sólo una sucesión de acciones, diálogos y conflictos sin objetivo claro ni resolución, esto es la vida real. (Mira a público y guiña un ojo)
CAMARERO. Pero… entonces, todo esto…
REY. Atento, estoy a punto de entrar en escena. Silencio. (El Rey se queda mirando el besa axilas)
CAMARERO. Dime…
REY. Uy, casi lo olvido. Es hipnótico, ese besa-axilas.

El Rey rebusca entre las cámaras frigoríficas.

REY. Vaya, juraría que estaba por aquí. No es tan fácil decapitar a un rey como creen algunos. ¡Tachán!

Saca de uno de las cámaras frigoríficas la cabeza recién decapitada del Rey del Vino: su propia cabeza. El Rey se acerca a su cabeza decapitada.

REY. Tendrían problemas con algún tendón. Qué mala cara nos deja la muerte, ¿no te parece? No me comáis de cualquier forma, toma nota.

4.
Cambio de luz. Sintonía televisiva. El Rey del Vino se ata un mandil de cocina. Mientras, l

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