miércoles, 14 de octubre de 2015

LO MÍNIMO

lo mínimo que se despacha
lo mínimo que se aconseja
lo mínimo que se descarta
lo mínimo que no aparenta

Teatro Mínimo fue
un gimnasio,
un laboratorio,
una trinchera en tiempos de guerra.

Fue el placer del aplauso,
la piel entre el público,
fue el teatro verdaderamente pobre.

Teatro Mínimo fue
volver a los actores,
a los autores,
a revolver en los armarios,
a iluminar con tres flexos,
a bailar en los baños,
a cantar en las aceras,
y ensayar en los salones.

Teatro Mínimo fue
un canto al oficio,
un manifiesto libre de burócratas,
de subvenciones,
de altas y bajas.

Teatro Mínimo fue
el asidero del último superviviente,
el underground con escalera de color,
el teatro sin bambalinas,
sin orquesta,
sin diablas,
sin sobres ni remitentes.

Teatro Mínimo fue el teatro que siempre estuvo allí.
Un nuevo intento de salvar un oficio
en peligro de extinción.

Teatro Mínimo no fue "El Teatro".
Teatro Mínimo fue nuestra declaración de amor.

(texto para la presentación del libro "Lo Mínimo: primera temporada de Teatro Mínimo en Sevilla.)

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