lunes, 3 de julio de 2017

David Sergio y sus circunstancias



 
  David se pasea por la calle Feria arrastrando un enorme cartel que anuncia una consulta de masajes. El sol cae con saña sobre su calva iluminando la calle a su paso, la luz que desprende su chorla lo envuelve con un halo casi místico, parece un santo que estrena aureola. Me acerco. Lo abrazo y sin separarme de él lo obligo -sin mucho esfuerzo- a tomarse unos botellines.

Yo
Enhorabuena por el libro.

David
¿Asín que lo has leído?

Yo
Ajá.

David
¿Y qué te parece?

Yo
Has escrito una novela que parece una obra de teatro, que a su vez parece una novela teatral, pero podría ser un poemario aunque está plagado de chistes, de retruécanos, de giros, de quejas, de bromas y de mucha, mucha terapia.

David
Ya, ya… es que intento escribir una cosa, se me va para otra, me salta a la de más allá y al final sale lo que sale.

Yo
Lo que te ha salido tiene mucha gracia, tienes un don único para el diálogo, para el giro cómico y el doble sentido.

David
Gracias, para ser africano no se me da mal.

Yo
Ya me gustaría tener esa facilidad y poder escribir en el TMEO y en El Jueves.

David
Además de dar masajes, poner copas, dar recitales, fotografiar, bailar bachata, repartir propaganda, viajar con el sofá a cuestas y dormir hasta las doce.

Yo
Siempre has sido un renacentista muy ecléctico.

SILENCIO

David
Pero, ¿te ha gustado?

Yo
Es un pastiche inclasificable y preñado de ingenio.

SILENCIO

Me ha encantado. Lo sabes bien, bribón.

David
¿Un consejo?

Yo
Para el próximo libro, sáltate más reglas, que en la Fnac no sepan ni dónde ponerlo.

  A lo lejos llegan Zelayeta, el Canguro, dos travestis embutidas en trajes de flamenca, tres psicólogos de la Gestalt y una manifestación de exnovias. Me despido de David y dejo que pague la cuenta, -cuando se dé cuenta que se la he dejado, claro- . Me alejo derritiéndome por las arterias de las calles tramposas de Sevilla, mirando al suelo esperando encontrarme un botón para resetear el mundo. Andurreo feliz tras compartir un rato con David Sergio, mi amigo renacentista.


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